martes 7 de abril de 2009

El monstruo del cine de la calle Fuencarral



Un amigo solía contar cómo en los años en los que Michael Laudrup era Dios ocurría un fenómeno muy curioso en las visitas del Barca a San Mamés. Cada vez que cogía la pelota cerca del área del Athletic, un extraño ronroneo se extendía por toda la grada. Un rumor tejido de miles de terrores individuales, miles de "joder, joder", "ayayay" y "cuidado" que iba creciendo y realimentándose segundo a segundo, de tal forma que funcionaba como amplificador involuntario del pánico que provocaba Laudrup en la defensa bilbaína. Los jugadores oían el runrún de su Catedral, 40000 almas encogidas, murmurando y sufriendo como un único ser y sus piernas temblaban. Más aún. Y es que ese hombre era un terrorista, un guerrero kamikaze armado de granadas y molotovs dispuesto a aniquilar a los defensas, los enemigos del fútbol.

Ayer fuimos al cine a ver "La casa de mi padre" de Gorka Merchán y me acordé de Laudrup. En pantalla se veían también cócteles y terroristas y en la platea nació un ser múltiple y complejo, un monstruo pseudohumano como el de San Mamés. Lo interesante fue el hecho de ver esa película sobre el conflicto vasco, hecha por vascos, en un cine del centro de Madrid en el día del jubilado (entradas a 1€), cuando la media de edad del público supera los 65 años. El monstruo reaccionaba en los pasajes más previsibles, pero a veces también en los más insospechados. Y su aliento y su respiración cambiaban la película, igual que el ronroneo de la Catedral cambiaba el juego de los defensas del Athletic. Se le podía oir tragar saliva, carraspear, agitarse en el asiento, jurar entre dientes, rumiar odios, filias y fobias.

El monstruo que nació ayer en ese patio de butacas de la calle Fuencarral no se parecía probablemente nada al que pudo aparecer durante el estreno de la película en el Festival de San Sebastián. ¿Cuál es el que le tiene que importar al director? ¿Todos lo que puedan aparecer? ¿Ninguno?

P.S.1: Cuando abrí este blog uno de los pocos mandamientos que me impuse fue el de no hacer nunca crítica de cine, pero voy a cometer un pequeño pecado. "La casa de mi padre" es una primera película con algunos defectos formales, mucho trazo grueso en algunos dibujos y cierta querencia por el topicazo. Aún así, algo bueno y honesto emana de ella. Para los que hemos mamado esos odios, esos silencios y esos miedos desde críos, nos ofrece 3 ó 4 momentos que valen una película. Y que se perciben como más ciertos y menos caricaturescos cuando se ven desde una distancia de 400 kilómetros.

P.S.2: ¿Cómo se pueden gastar 1 ó 2 millones de euros en la producción de una peli para luego no poder afinar un poco más en el título? Se me ocurren pocos títulos más sosos, más vagos, menos atractivos. La-casa-de-mi-padre. 5 palabras vacías, lisas y llanas como el revés de una lápida. Un título gris como un cielo vasco. Imposible de recordar. Imposible de vender.

1 comentarios:

Dormidina dijo...

Otra platea insospechada y llena de carraspeos es la de la filmoteca. podrías completar tu estudio cuando la pasen ahí. yo también te he atrapao en mi blog, para seguir leyéndote!!